Hace poco tiempo que virtualmente he recordado un hecho ejemplificativo, y, a su vez, gracioso.
Cuando éramos personas que creían que su nivel intelectual había llegado a cotas inalcanzables hasta entonces, y brindábamos por nuevos derechos, fue cuando sucedió lo que vengo a relatar.
Como era costumbre en la Navidad, los alumnos del colegio (religioso, no olvidarse) ofrecían kilos de comida para donar a los más necesitados mediante la ONG, que también pertenecía al colegio: S.E.D. (si, siempre que alguien usa la frase “tengo sed” bien me acuerdo de J.C. o de la ONG) Se hacía llamar la “Campaña del Kilo”. Nosotros como personas razonables que éramos, nos encargábamos de recoger los depósitos en las aulas.
En una de aquellas recolectas alguien dio una voz de alarma. Alguien había ingerido comida que iba a ser enviada. Desde luego la moralidad de aquellas personas quedó en entredicho y aun hoy es posible juzgarla. Aunque todo el mundo merece una segunda oportunidad, o una tercera, cuarta…
Como tontos no éramos supimos al instante quienes habían sido los culpables, pero de nuestras bocas no saldrían sus nombres. Sin embargo, la voz de alarma llegó al profesor de aquella hora amoral.
Cuando estuvimos todos en nuestros viejos pupitres (viejos porque éramos la única clase que aun tenía pupitres ancianos), el profesor tomó el silencio por palabra, se acercó a su magistral mesa y lanzó sus libros al suelo con cierta violencia mientras exclamó aquella frase que se quedaría grabada en nuestros tímpanos: “Sois unos mierdas”
Con los miembros en la garganta algunos y la carcajada en otros, el profesor se preguntaba retóricamente como podía haberse llegado a aquella situación, de que servía que él nos educase si ocurrían cosas como aquella. Razón no le faltaba pero ese no era nuestro interés. Horas después se convirtió en una mofa y años después, como ahora, en un dulce amoral recuerdo de adolescencia.
Cuando éramos personas que creían que su nivel intelectual había llegado a cotas inalcanzables hasta entonces, y brindábamos por nuevos derechos, fue cuando sucedió lo que vengo a relatar.Como era costumbre en la Navidad, los alumnos del colegio (religioso, no olvidarse) ofrecían kilos de comida para donar a los más necesitados mediante la ONG, que también pertenecía al colegio: S.E.D. (si, siempre que alguien usa la frase “tengo sed” bien me acuerdo de J.C. o de la ONG) Se hacía llamar la “Campaña del Kilo”. Nosotros como personas razonables que éramos, nos encargábamos de recoger los depósitos en las aulas.
En una de aquellas recolectas alguien dio una voz de alarma. Alguien había ingerido comida que iba a ser enviada. Desde luego la moralidad de aquellas personas quedó en entredicho y aun hoy es posible juzgarla. Aunque todo el mundo merece una segunda oportunidad, o una tercera, cuarta…
Como tontos no éramos supimos al instante quienes habían sido los culpables, pero de nuestras bocas no saldrían sus nombres. Sin embargo, la voz de alarma llegó al profesor de aquella hora amoral.
Cuando estuvimos todos en nuestros viejos pupitres (viejos porque éramos la única clase que aun tenía pupitres ancianos), el profesor tomó el silencio por palabra, se acercó a su magistral mesa y lanzó sus libros al suelo con cierta violencia mientras exclamó aquella frase que se quedaría grabada en nuestros tímpanos: “Sois unos mierdas”
Con los miembros en la garganta algunos y la carcajada en otros, el profesor se preguntaba retóricamente como podía haberse llegado a aquella situación, de que servía que él nos educase si ocurrían cosas como aquella. Razón no le faltaba pero ese no era nuestro interés. Horas después se convirtió en una mofa y años después, como ahora, en un dulce amoral recuerdo de adolescencia.


¿Qué mitad de su hijo prefiere?


